Batalló con su inconsciente, intentando no pensar en las palabras de Jade, en su paleta solo tenía dos colores, negro y azul, y durante toda la noche pintó un retrato en alusión a sus recuerdos.
<<-Hayate Sama, estás celoso->> Recordó.
Él sabía que en lo más profundo de sus sentimientos correspondía a ese amor que Jade tenía hacia él. Sin embargo, un amargo recuerdo frustraba sus ganas de corresponder a sus sentimientos.
Recordó aquellas épocas de su adolescencia, a sus escasos 16, cuando Jade contaba con tan solo 11 años. Sueños eróticos, sábanas húmedas y un sukubo idéntico a su niña, se negaba a aceptar ver a su ángel convertida en una demonia.
Desde que empezó a tener esos sueños, su actitud cambió, se volvió frío y reservado, solamente siendo entendido por Jade, y por medio de la pintura reflejaba sus sentimientos.
Esa situación lo mantenía debatiéndose entre ser su vecino y mejor amigo, o ser su hombre y cuidar de ella como fuente de su inspiración (¿Y es que acaso ya no lo hacía?).


0 comentarios:
Publicar un comentario