De nuevo su mirada, sus ojos perdidos en la nostalgia, sumido en sentimientos de culpa sin ser culpable, y una necesidad de proteger, de abrazar, de querer, acciones recíprocas era todo su anhelo. Llevaba días alejado de todos, salía muy temprano, regresaba muy tarde, evitaba cualquier tipo contacto con los demás, no quería saber de nadie.
Jade entró a la habitación, interrumpiendo con sigo su momento de reflexión.
-Hayate...-
-Jade...-
-Disculpa, no sabía que estabas ocupado pintando, lo siento- dio media vuelta y se dispuso a marcharse.
Hayate conocía aquellas palabras,sabía que cuando se disculpaba con él era porque había algo que la agobiaba. La tomó del brazo y le dijo:
-¿Qué te sucede Jade? ¿Qué es lo que tanto te agobia?-
Ella, sin poder decirle nada solo atinó a darle un fuerte abrazo. Hayate comprendió su significado y se aferró a sus brazos como si de ella dependiera la vida.
Jade no necesitaba hablar con Hayate para saber cómo se sentía, el simple hecho de emplear señales (tal como aprendió de este) lograba comprender su estado de ánimo.
-Hayate Sama, se cómo te sientes, no estés solo yo estoy contigo-


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