Solo una llamada bastaba, para escuchar su voz y saber que estaba bien. Por otro lado, sumida en un limbo, holgada en la impaciencia de un futuro incierto, de preguntas inconclusas y vagas respuestas.
<<-Una llamada basta->> Repetían en sus mentes.
Sonó el teléfono, una mano temblorosa ante el riesgo de un silencio lúgubre, era todo lo que sentía. Su corazón latía a cien. En ese primer intento, antes de irse a buzón, al otro lado de la línea, unos dedos temblorosos contestaron con timidez.
-¿Hola? ¿Con quién hablo?-
-¿Cómo estás?-
-¡Hayate Sama!-
Volvió el silencio a invadir sus espacios, ella volvió a romperlo.
-¿Cómo estás?-
-Estoy bien ¿Tú cómo estás?-
-Estoy bien...-
Antes que el silencio volviera a invadir su espacio concluyó la llamada diciendo:
-Me alegra saber que te encuentras bien, quería escuchar tu voz, tal como me la imaginaba, así como eres, y saber que todo marcha bien en tu vida. Me alegra que estés feliz, eso me hace feliz-
-Hayate...-
El silencio volvió a invadirlos, la llamada fue cortada por Hayate Sama.


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