-Hayate, si no te apresuras no alcanzarás a tiempo el metro-
-No te preocupes mamá, ya tengo todo medido-
-Tú siempre tan metódico... Bueno apúrate-
-Tranquila mamá, ya me voy-
-Bueno niño, que te vaya bien en el colegio. Te dejaré listo el almuerzo y la cena, no me esperes esta noche, dormiré en hotel, voy a estar fuera de la ciudad-
-Está bien mamá, no hay problema-
<<-Ese es el trabajo de mamá, todo el tiempo viajando. Sin embargo tengo el privilegio de platicar con ella un rato por las mañanas->>.
Llegó a tiempo a la estación del metro, sin pensarlo dos veces tomó la ruta que lo llevaría a su destino. Debido a la hora este se encontraba repleto, como pudo se agarró de la baranda a esperar mientras llegaba a la escuela.
Fue un día como cualquier otro, clases, recesos, guerra de papeles, molestar a las chicas, etc. Una rutina clásica para un joven escolar.
-Mercedes ¿Algún día podremos salir?-
-Bueno, eso depende-
-¿A qué?-
-Pues, como verás... Me caes súper bien, eres todo chévere, interesante, pero aún no se...-
-Está bien, dejemos que todo se de como debe ser. En este caso la respuesta es tuya-
-Gracias por comprenderme, Hayate-
Mercedes era la chica con quien más se relacionaba en el salón, entre ambos había una química única. Sin embargo, Mercedes no se decidía a aceptar la propuesta de salir con Hayate, se debatía entre tenerlo en su lista de amigos o de lo contrario salir con él e intentar algo más.
Al salir, despidió se de Mercedes antes de ir a tomar el metro, de lejos sintió que alguien lo estaba siguiendo pero no dio mucha importancia, continuó sentado junto a la ventanilla meditando; cosa que solía hacer a diario.
Camino al edificio, seguía sintiendo que alguien lo seguía, dispuso se a saber quién lo seguía con tanto sigilo. Dio media vuelta y se llevó una muy agradable sorpresa.
-¿Jade? ¿Eras tú?-
Asintió con la cabeza.
-Ven, vayamos a casa-
<<-Esta chiquilla es un poco rara, pero inexplicablemente me inspira cosas agradables para con ella, es como una hermanita menor. No se mucho de ella, debería preguntarle->>.
Ya habiendo llegado a sus respectivos hogares, Hayate nota que la casa de Jade se encontraba vacía, vio su mirada cabizbaja y pensó <<-¿Dónde estarán sus padres?->>. Se acercó a ella y le preguntó:
-Jade ¿Te dejaron solita otra vez?-
Ella asintió.
-¿Te gustaría quedarte a almorzar en casa?-
Sus ojos se iluminaron, por dentro una sensación de emoción no dejaba de recorrer su cuerpo.
Hayate sonrió y le acarició la cabeza.
-No tengas miedo de mí, te han dejado solita nuevamente, tus padres deben estar muy ocupados-
<<-Nunca tienen tiempo para mí->>.
-Por lo visto no dices nada ¿En qué piensas?-
Señaló sus libros en alusión a sus tareas.
-No te preocupes, te ayudaré con eso-
-Gracias- Dijo sonrojada.
La amabilidad de Hayate era algo nuevo para ella, como el hermano mayor que siempre había deseado.
-Hayate ¿Te puedo decir algo?-
Hayate se sorprendió al escuchar esto.
-Por supuesto Jade ¿Qué quieres decirme?-
-¿Puedo hacer mis tareas aquí en tu casa?-
-Está bien, chiquilla, no hay problema con eso-
<<-Podré venir todos los días a su casa y no estaré sola en las tardes->>.
Por la noche, cuando llegaron sus padres, Hayate despidió a Jade dándole un beso en la frente, ella quedó sorprendida con su accionar, lo miró con ojos de no saber lo que pasa.
-Eres como una hermanita menor y este es tu premio por ser tan especial-
Jade sonrió como nunca antes lo había hecho. Desde ese momento sus expresiones comenzarían a cambiar para convertirse en una persona mejor.


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