jueves, 14 de febrero de 2013

Pintando Fantasias (V)


En sus manos reflejaba la emoción de estar al lado de su más preciado tesoro, su mejor amigo, casi como su hermano, de quien no se cansaba nunca, con quien quería pasar su tiempo libre; mientras no estaba en la escuela. Su presencia le hacía olvidar el abandono de sus padres, era algo con lo que le había tocado lidiar durante casi toda su vida.

Desde muy chica sus padres la dejaron al cuidado de distintas niñeras debido a lo ocupados que pasaban en sus trabajos, lo que generó en ella muchas inseguridades, al punto de ser una niña muy solitaria y entregada al abandono, solo siendo tratada por los maestros y psicólogos en la escuela. Sin embargo a sus 10 años conoció a Hayate (que tenía 15) y desde ese momento las cosas cambiaron para ella: empezó a ser más sociable, sus calificaciones mejoraron e incluso su aspecto físico. Sin duda, fue un suceso que la impulsó a superarse cada día. 

Hayate, concentrado en su obra podía escuchar a lo lejos las incansables palabras de Jade, sin siquiera poder pedirle que cerrara la boca.

-Eres un hombre muy talentoso, tan solo mira cómo te están quedando estos murales, mi maestra de arte se va a sentir muy orgullosa de mí, todo gracias a ti. Si no hubieses estado disponible hoy, seguramente me hubiese jalado los cabellos, ya que no soy tan buena pintando, en cambio tú eres todo un maestro...-
<<¿Es que acaso no se cansa de hablar? Me pregunto si será así en la escuela.>>
-¡Hayate Sama! ¿Me estás escuchando?-
-¿Qué crees?-
-No dices ni mu, yo hablando como una cotorra y tú tan concentrado-
<<¿Acaso no es verdad?>> -Ya me conoces Jade, no es la primera vez que haces este tipo de cosas-
-Tus palabras se parecen a las de papá cuando no quiere que le interrumpan mientras ve la tele-
-No soy tu papá-
-Lo se Hayate, papá no pasaría tiempo conmigo como tú lo haces, tu sabes que él no tiene tiempo para mí (nunca lo ha tenido)-
Hayate quedó en silencio, tomó las manos de Jade (aún llenas de pintura fresca) y las pasó por las partes del mural que ya había pintado. Ella, emocionada y con rostro sonriente, se preguntaba -¿Por qué hace eso?-.

Al ver el resultado final, su maestra quedó agradecida con ambos, ofreciéndoles refrigerios y exonerando a Jade durante el resto del semestre. Ella agradeció a Hayate por ayudarle a conseguir tal logro.

-Hayate Sama, gracias-
Él la mira, acaricia su cabeza (como solía hacerlo siempre) y le dice:
-Para eso estoy, chiquilla-
A ella le molestaba que él le dijera eso, a lo que responde con un apretón de costillas y decirle:
-Tonto- 

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