-Bueno, te portas bien... Debo irme-
-Mamá...-
Jade quería la atención de su madre, sin embargo esta se encontraba tan ocupada que apenas podía verle la cara cada vez que se alistaba para salir. Esto entristecía mucho a Jade, quien lloraba en silencio.
Una de sus vías de escape era visitar a Hayate, quien siempre estaba dispuesto a brindarle su atención. Él era (quizá) la única persona que podía sacarle una sonrisa sincera sin mucho esfuerzo. Jade no quería fiesta con él, así como Hayate tampoco quería fiesta con ella; La ausencia de su padre era solo una de las causas de la ausencia afectiva que él también afrontaba, Jade era como esa hermanita a quien él quería proteger y brindarle todo el amor y afecto que el no había recibido, a pesar de tener cerca a su madre. Lo que a ambos les unía eran los vacíos afectivos que en silencio sufrían, que les agobiaba y al mismo tiempo les hacía crecer.
Hayate abrió la puerta, Jade lo abrazó, él la hizo pasar, ella sonrió.
-Qué bueno que hayas venido, he comprado acuarelas y algunos pinceles para que pintemos, es lo que mejor se hacer-
-Será divertido, vamos-


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