La lucha en nuestras vidas es constante, cada día vivimos cosas por las cuales luchamos al filo de la espada. Aunque soñar no cueste nada, aunque la meta sea inalcanzable, aunque los demás nos digan que no podemos... ¡bah! ¡puras sandeces! Soñé toda mi vida con este momento, momento que con sus recuerdos me llena de alegría en días difíciles; Esta crónica describe uno de los momentos más felices de mi vida, así como también el sueño mejor realizado que he tenido hasta ahora... Espero que la disfruten.
Una extraña sensación recorre por todo mi cuerpo, con ésta alegría de haber conocido a dos amigas que viven a kilómetros de mi tierra, y a punto de cumplir el sueño de ver a mis grandes ídolos visitar mi Colombia natal.
El miedo de ir solo ha desaparecido, no sé cuáles sean las razones, pero he abandonado el parche en donde mi amiga Lorena me había presentado para que no correr ningún peligro, pero no lo hice a propósito, solo sé que desapareció y ya. No sé si es por el instinto -y digo instinto porque es una ley de la naturaleza- de proteger a aquella mujer que se encontraba en las mismas condiciones que yo, tal vez porque compartimos muchas cosas o porque el frío congeló aquellos miedos con los que cargué desde que salí del terminal de transportes de mi ciudad.
Le he dado mucha larga al asunto, solo voy a contar mi historia como lo recuerdo.
Salí de casa un viernes 18 de marzo, eran las 10 de la noche cuando llegué al terminal de transportes de Barranquilla, mi ciudad natal. Luego de haber comprado mi pasaje por internet, con destino a Bogotá, con el solo propósito de ver a IRON MAIDEN, así como también conocer a dos amigas quienes viven allá: Catalina y Lorena.
Estaba un poco nervioso, era la primera vez que viajaría solo a una ciudad muy lejana y con costumbres muy diferentes a las de mi Barranquilla natal.
Tan mamón era tener que esperar por una hora, que se convertiría en hora y media, para partir hacia Bogotá. Estaba bastante estresado, llevaba así varios días. Creo que no puedo describir esa sensación, solo sé que me fumé unos cuantos cigarrillos para calmar mi ansiedad.
Vi a unos chicos vestidos como rockeros, a lo que pensé que también irían a ver a IRON MAIDEN así como yo lo iba a hacer, pero la grata sorpresa fue que ellos solo acompañaban a una dama que esperaba a abordar el bus que la llevaría a Bucaramanga, lo que significaba que continuaría solo en mi viaje.
Luego de hora y media, como mencioné anteriormente, abordé el bus y partí hacia Bogotá mientras que los demás nos acomodábamos para las próximas 18 horas que tardaría nuestro viaje.
Tardé horas en dormirme, me distraía con cualquier cosa, pude cerrar mis ojos a eso de las 3 o 4 de la mañana, pero no tardaba en abrirlos porque cualquier movimiento me despertaba nuevamente y añadiéndole que me sentía muy incómodo durmiendo en ese asiento. Pasaba el tiempo y cuando medio cerraba mis ojos los abría al rato por cualquier motivo.
Ya como a las 5 o 6 nos encontrábamos en el municipio de Agua chica, en el departamento del Cesar. Pude apreciar sus hermosos paisajes, ver esos primeros rayos del sol salir y ese rocío matutino de sus verdes pastos, veía las reces comiendo pasto y algunas mulas caminar libremente por los campos. Pude contemplar aquella naturaleza que tanto adoro.
Volví a quedarme dormido a eso de las 8, pero fui interrumpido por mi teléfono celular el cual sonó al momento. Era un amigo de mi vieja, a quien había estado llamando la noche anterior para pedirle que estuviera pendiente de ella mientras yo me encontraba por fuera, también para ver si la invitaba a salir hacia algún lado.
De paisaje en paisaje, de Agua chica a San Alberto me volví a quedar dormido, pero nuevamente la sorpresa de mi teléfono celular, era mi amiga Cata quien llamaba para preguntarme a qué horas estaría llegando a Bogotá, a lo que le respondí que entre las 3 y las 4 de la tarde.
Continuaba con mi recorrido por el bus, mientras mi vista apreciaba esos paisajes rurales que tanto me gustan, pero ya me había perdido de ubicación desde que habíamos pasado por San Alberto, añadiéndole que el hambre que tenía era impresionante ya que no nos habíamos detenido a comer en ninguna parte.
A la hora de almuerzo no sabía ni en qué lugar nos encontrábamos, un hombre que venía de Bogotá con su familia e iba con destino a Medellín me confirmó la ubicación, Antioquia. Hacía demasiado calor, lo cual hizo que me quitara la chaqueta, me fumé un cigarro e intercambié con aquel hombre algunos. Barranquilla y Medellín, dos regiones distintas, costumbres distintas, pero muy similares a la hora de ser sociables.
Media hora después retomamos el camino y partimos hacia Bogotá. Ya esta parte del camino se hizo aburrida, fueron unas 4 horas y media subiendo montañas, lo único que rescato son los hermosos paisajes que contemplaba y con los que grabé unos cuantos videos con mi cámara.
Mi hora de llegada a Bogotá fueron las 4:30PM del día sábado, me bajé del bus sin mucho azare, no sentía tanto frío pero la altura me dificultó respirar un poco al principio, saqué mi paquete de Malboro y me fumé unos cuantos a la entrada mientras esperaba a que Erika, la amiga de mi vieja, pasara por mi. La espera tardó unos 20 minutos mientras ella llegaba y yo buscaba el punto de encuentro acordado.
Nos encontramos, llegamos hasta un centro comercial y comimos bandeja paisa junto a su hijo de 10 años y un amigo que había llegado desde Miami a realizar una visita impuesta por su empresa. Mi hambre no se hizo esperar, así que comí con muchas ansias, ya para aquel entonces ya me había adaptado al frío, la altura y hasta el hablado de los “rolos” (como suelen ser llamados en algunas regiones del país). La verdad no dejo de mencionar que fue una experiencia grata.
Mi primer día en Bogotá no fue muy movido, llegué muy cansado luego de 18 horas en un bus. Antes había hablado con Catalina para posponer nuestra cita, luego de discutir un poco acerca de la hora nos pusimos de acuerdo para vernos al día siguiente en la mañana en el Portal de Suba. Me ubiqué en la habitación que con mucho cariño me habían preparado, la verdad aún es la hora y me encuentro muy agradecido con Erika y su familia por ese detalle.
Esa noche desperté a media noche, producto de la sed que tenía (llevaba muchas horas sin tomar agua, diría que desde que me subí al bus en Barranquilla), no encontré ni una jarra de agua en la nevera (la verdad aún no me explico), solo se que tomé el vaso más cercano y abrí la llave de la pluma, no solté el vaso hasta quedar saciado, me volví a acostar.
Al día siguiente me levanté muy temprano, qué frío tan tenaz que hacía (la verdad no estaba muy acostumbrado a pisar un suelo tan helado y con mis pies descalzos. Me lavé primero los dientes, a decir verdad el agua estaba tan fría como si tomara un vaso con agua de la nevera en mi amada Barranquilla. Luego al abrir la ducha y sentir que el agua parecía unos cubos de hielo que me caían encima, aún así continué bañándome, enjabonándome y echándome bastante shampoo. Ese día quería estar muy bien arreglado, qué más que para verme con dos de las mejores amigas que tengo en Bogotá y una de las razones principales por las que fui: ver a IRON MAIDEN.
Después de soportar el frío y cambiarme lo mejor que pude, fui hasta la sala a darle los buenos días a Erika y a su familia, frotaba mis manos porque aún estaba friolento. Su hijo de 10 años me invitó a su habitación a jugar Wii, un juego de peleas, cosa muy común en los videojuegos de hoy en día. El problema fue luego, cuando me disponía a desayunar y no se si fue que me excedí echándome perfume (soy alérgico a algunos perfumes) o la loción de Erika me causó una reuma terrible. Peor aún enterarme que no había pastillas de Loratadina porque se habían acabado y las droguerías los domingos abren un poco más tarde que de costumbre.
Esperé como una media hora para que los efectos de aquella reuma se calmaran, cosa normal en mi organismo.
Después de que pasara mi reuma había llegado la hora de salir a la vía principal a tomar el TRANSMILENIO o como suele ser llamado: TRANSMILLENO. La mamá de Erika me acompañó hasta la estación, luego pagué mi pasaje y me dispuse a esperar la primera ruta, la que haría el transbordo hasta El Campin, que es la estación donde debía abordar la ruta que me dejaría en el Portal de Suba.
Mis nervios no se hicieron esperar, esa desconfianza hacia personas con costumbres muy diferentes a las mías, tenía miedo (un poco), cosa normal cuando vas a una ciudad donde no conoces casi nada sobre ella. Luego de abordar la ruta, si no estoy mal, C96 y esperar 20 minutos hasta llegar al destino ya mencionado. Tan ansioso me encontraba que le pregunté, primero a una joven y luego a un señor a cuántos minutos me encontraba del Portal de Suba, a lo que me iban respondiendo conforme a lo que me iba acercando al punto de encuentro en donde Catalina me iría a recoger.
Contemplé ciertos puntos de la ciudad, resalto a la señora de apariencia afro colombiana que iba cruzando la calle, los árboles inmensos que adornaban algunos de los parques por los que pasé y cómo no mencionar las montañas que rodean esa hermosa ciudad.
Luego de decirle a Cata que ya estaba a pocos minutos de llegar y tranquilizarme un poco, me bajé en el punto indicado. Ella pasó por mí y salimos a caminar un rato.
No dejo de quedar tan admirado por el ambiente visto en Bogotá, ese frío tan acogedor, sus paisajes verdes en algunas zonas, el orden y ese buen trato de las pocas personas con quienes intercambié algunas palabras. Se que solo fueron unos cuantos días, pero quedé completamente satisfecho.
Catalina y yo nos tomamos un café, luego caminamos un poco el centro comercial y después las calles aledañas a éste para llegar a su casa y conocer a su mamá y hermana (persona por la cual llegué a conocer a Cata). Hablamos un poco de nosotros, de nuestras costumbres, la música, lo que sería el concierto de IRON MAIDEN esa noche, de mi posterior regreso a Barranquilla, etc. Cuando llegué a su casa sentí un pedazo de Barranquilla en ella, ya que se escuchaba un poco de vallenato y algo de reggaetón.
Fui atendido muy amablemente, me brindaron café, me fumé unos cigarros y me tomé unas cuantas fotos con ella antes de partir al “Simoncho”. Recuerdo que no almorcé ese día, estaba tan emocionado que lo había olvidado por completo ¿y qué más daba? Si estaba a pocas horas de ver a una de mis bandas favoritas.
A eso de la 1:30 volví a salir con Cata para el centro comercial, compramos unos cuantos bocadillos y luego me acompañó a tomar el taxi que me llevaría a mi siguiente parada: el parque Simón Bolívar.
En el camino llamé a Lorena para que me confirmara la locación donde se encontraría y posteriormente me llevara con el parche de su amiga…
Aquí hago un paréntesis para explicarles el cómo me coloqué de acuerdo con Lorena para encontrarme con su amiga.
Cuando aún estaba en Barranquilla me encontraba muy preocupado porque ninguna de las personas que conocía iría al concierto, ni mucho menos a la localidad Talismán, mi amiga Lorena tampoco iría, ni Cata, ni siquiera mi amigo Andrés (Persona con la cual mantengo amistad por el Messenger). En la universidad le preguntaba a mis compañeros a ver si conocían a alguien que también los iría a ver, pero casi todos mis esfuerzos fueron en balde. Ese problema me tenía muy estresado porque le había dicho a mi vieja que iría con varios amigos (es que a fin de cuentas ese era mi plan, pero ninguno consiguió dinero y una amiga que si iba con su parche me dijo que iría a la localidad Dorado).
Mi preocupación era tan grande que días antes de salir de viaje hablé con Lorena y le comenté lo que sucedía, a lo que ella me ayudó con la causa y me contactó con su amiga, llamada Diana.
Acordamos entonces en que Lore me acompañaría a hacer la fila y a encontrarme con Diana…
Al hablar con ella acordamos en encontrarnos en la librería “Virgilio Barco”, ubicada precisamente frente al Simón Bolívar. Aproveché el camino para hablar con el taxista, el cual me daba ciertas indicaciones acerca de cómo evitar malos ratos en la ciudad (en referencia a los atracos y ese tipo de cosas). Como no tenía conocimiento de la modalidad de pago de las carreras le pedí la planilla al taxista, cosa que le pareció completamente extraña, al tiempo de darse cuenta de que no era de esa ciudad, fue allí en donde aprendí que en Bogotá se utiliza un sistema llamado Taxímetro, el cual indica los precios depende a la distancia que recorre, como al tiempo bajo el cual se tarde en el recorrido.
Llegué al Simón Bolívar, pero me tuve que bajar un poco lejos de la librería ya que las calles se encontraban cerradas debido a las largas filas por el concierto.
Tuve que caminar por toda la avenida para llegar al punto de encuentro acordado, el frío era bastante y había mucha humedad debido al aguacero que cayó horas antes. Un cigarro encendido y un par de policías caminando en dirección opuesta a la mía, luego una señora que vende bebidas y el tipo de las llamadas fueron los adornos de mi vista mientras buscaba la ya mencionada librería.
Llegué algo exhausto, la altura me estaba afectando, pero con la mirada puesta en alto. Luego ese abrazo y esa emoción de conocer a mi amiguita Lorena en persona -aún es la hora y no quepo en la dicha, luego de tantos años, tantos escritos, tantos momentos compartidos en solo un montón de letras, las pocas llamadas que me permitían escuchar su voz, sensaciones y emociones difíciles de describir, son cosas que solo ella y yo las comprendemos. Mi mejor amiga, mi sueño cumplido, luego de años luchando, por fin la tenía frente a mí- fue una experiencia muy bonita, me encantó (y me encanta) haberla conocido en persona.
-Cata tiene un privilegio, es que tardó menos tiempo en conocerme personalmente que Lorena, pero las cosas compartidas que nos faltan, eso hace la diferencia-
Debo reconocer que me apego muy rápido a las personas, mucho más si es una mujer…
Platicábamos mientras íbamos en camino hacia la fila para entrar al concierto, ciertas jergas habladas allá me causaban mucha risa y Lorena solo atinaba a reírse también, de verdad que fue muy divertido. Intenté comerme una hamburguesa con una Coca-cola pero la verdad ya el hambre se me había quitado, la dejé hasta la mitad -luego me arrepentiría porque ya estando dentro del Simón el hambre me volvió a atacar nuevamente-.
Ya me encontraba haciendo la fila junto a mi amiga Lorena, quien a su vez iba acompañada por su novio. Luego de varias horas de pie la fila empezó a avanzar -destaco que antes de ello vi cómo la policía se llevaba a tres jóvenes que al parecer alteraban el orden público en la zona, de igual manera no soy quién para juzgar a nadie-.
Como se dice en mi tierra “Se armó tremendo bololó”, era todos a correr para un mejor puesto en la fila, ya que adelante habían despejado bastante espacio. Alrededor de 1000 policías vigilaban las afueras del parque en camiones, motocicletas, caballos, etc. Aunque destaco mucho el entero orden bajo el cual se estaba llevando esta primera parte del evento próximo a realizarse.
Mi siguiente tarea era deshacerme del paquete de Malboro que tenía en mi chaqueta, empecé a regalarlos pero solo una persona me lo recibió -fue allí en donde terminé de comprender lo diferentes que son las costumbres del “cachaco” con las del “costeño”-. Uno de los consejos que recibí por parte de un muchacho que se encontraba haciendo la fila fue que guardara todos los cigarrillos que pudiera en mi billetera, y que el resto me los fumara afuera. Lorena me colaboró llevándose una parte y la otra parte la guardé en la billetera.
Hasta ese punto me encontré acompañado por Lorena, pero ya nos encontrábamos a pocos metros de la fila, lo crucial de este momento fue que Lorena tenía que partir y de allí en adelante me debía desenvolver yo solo en ello hasta llegar al parche de Diana, su amiga. Ya tenía guardado su número y el punto de encuentro ya estaba listo, solo me hacía falta entrar e ir a buscarla.
Ya no tenía mucho saldo en mi celular, me encontraba a pocos metros de la entrada y no había ningún sitio en donde recargar, por lo cual le pedí el favor a Lorena de conseguirme una recarga y hacérmela efectiva.
Me despedí de ella, cosa que no quise en aquel momento porque quería disfrutarme el concierto con ella, mi amiguita bella
Ahora una nueva duda merodeaba en mi cabeza ¿quién iría a Talismán así como yo? Ya que la mayoría de los que se encontraban haciendo la fila conmigo irían a Dorado. El solo pensarlo me ponía un tanto estresado y otro tanto cansado.
Es aquí en donde la historia se divide en dos, en el antes y el después… La forma en cómo marcó mi vida esta experiencia, ya este momento no sería el mismo, todo para bien.
Cinco minutos después de la partida de Lorena, me encontraba solo y a unos cuantos pasos del primer anillo de requisas. Una mujer aparentemente solitaria, cabello castaño, estatura mediana y contextura gruesa, de anteojos, a mi concepto muy atractiva pero al tiempo sencilla; digo sencilla en el buen término de la palabra, ya que a mi vista (y soy muy criticado en mi tierra por ello) me atraen más las “cachacas” (como les decimos acá en la costa).
Creo que siempre he tenido eso, fijarme más por las mujeres del interior que por las de mi propia tierra, a pesar de tener gran diversidad en el ámbito proporcional y racial (pienso que es cuestión de gustos).
Ésta atractiva mujer estaba a unos pasos delante de mi, yo solo escuchaba su pregunta “¿quién va para Talismán?”.
Esa fue la clave, yo solo respondí en mi ignorancia y sin ningún tipo de interés (creo que hasta lo hice en un tono coqueto y desinteresado al mismo tiempo), no presté mucha atención y crucé el primer anillo de seguridad sin ninguna prisa.
Había un largo camino que nos conduciría al segundo y tercer anillo de seguridad, para después entrar a la localidad ya mencionada. En el camino tomé algunas fotos, mi emoción estaba al tope, a pocas horas de ver a los grandes.
Esa banda que por primera vez escuché de que existían cuando solo tenía 8 años, que a los 13 los escuché por primera vez, luego los 14 compré mi primer sweater con su imagen estampada, sin contar el sinfín de objetos con el logo que los caracteriza. Que en 2008 me sentí frustrado por no haberlos podido ver y que al año se repitió la misma dosis. Que luché durante meses para conseguir el dinero de la boleta, luego convencer a mi vieja de que me dejara ir solo (cosa que no fue fácil). Pero que gracias a mi perseverancia y a mis ganas, todo por un solo fin: Cumplir el sueño que había tenido años atrás, en donde llegaba al Simón Bolívar y los veía tocar.
Mientras tomaba algunas fotografías escuché una voz muy familiar detrás de mí, era la mujer que antes ya he descrito antes, alegándome que la esperara, algo inesperado para mí.
Caminamos juntos hasta la entrada, allí nos tomamos unas fotos antes de entrar a nuestra localidad en el parque. Luego debía llamar a Diana para buscar su ubicación. Después de dar vueltas por el parque buscándola, logré ubicarla, tuvimos un saludo cordial y le presenté a Paola, mi acompañante esa noche.
Y digo acompañante porque no estaba en los planes de Diana que alguien vendría conmigo.
Luego del protocolo y tomarnos algunas fotos, nos sentamos en las gradas e intercambiamos algunas palabras, casualmente resultamos ser colegas ya que ambos estudiábamos carreras dependientes entre sí; el caso de la comunicación social y la producción de radio y tv, ambas se necesitan mutuamente.
Fui por unas bebidas, porque tenía mucha sed (no había tomado agua desde la mañana), a Paola le compré una gaseosa (que las vendían un poco más caras de lo normal). Volví a las gradas pero ella estaba alejada del parche de Diana, me explicó que desde ese sitio se podía apreciar mejor el espectáculo.
Y efectivamente se podía apreciar el escenario perfectamente, allí nos sentamos y nos tomamos nuestras bebidas, seguimos platicando sobre nosotros.
Fue algo muy wow, no lo podía creer, yo allí en Maiden compartiendo con alguien que recién conocía y que también iba casi en las mismas condiciones mías (Ir solos). Sin duda alguna, ella escribiría mi página junto a Iron Maiden y haría parte de esa historia.
A eso de las 6, comenzó a llover, me arrepentí de no haber comprado los plásticos afuera ya que adentro los estaban vendiendo muy costosos. Paola estaba igual (que si en ese momento nos hubiéramos abrazado, hubiese sido porque la situación ameritaba hacerlo).
Temblando de frío estaba, allí sentado en las gradas, a pocas horas de cumplir mi sueño, con una mujer que compartía aficiones conmigo, con la que necesitaba compañía mutua. Así describía yo esa situación, tan asombrosa e inusual.
Mi amiga Lorena afirma que soy de muy buena suerte, porque ni ella, que toda su vida ha vivido en Bogotá, que en muchas ocasiones fue sola a conciertos se había encontrado a otra persona en la misma condición. Sola iba y sola regresaba.
No creo en la suerte, fue solo una casualidad (así lo pienso), aunque adaptándome a las creencias de mi gente en Barranquilla diría que por algo ella estuvo allí conmigo.
Empapados de agua lluvia, soportando el frío y arrepentidos por no haber comprado afuera los plásticos para protegernos de la lluvia. No quería que termináramos congelados de frío, tuve que pagar el doble de precio por el plástico que me estaban vendiendo dentro del parque. Lo tomé en mis manos y acomodé bien en la grada para que ambos pudiéramos sentarnos y no seguirnos mojando.
El show inició a las 7:00PM, la banda “Potestad” abrió el show con su Thrash Metal bien influenciado por la vieja escuela. Tenía unas ganas de escuchar un covercito de Sepultura (Troops of Doom), tomarme un “guaro” (que es como se le dice al aguardiente) y sacudir mi cabeza hasta el cansancio. No faltó mucho tiempo antes de empezar a moverme, era necesario para el frío, mientras veía a Paola temblar por los 6º (o menos) de temperatura que hacían.
A decir verdad, no le prestamos mucha atención a la primera banda, esperábamos con ansias la anhelada presentación de Iron Maiden. En algunos momentos nos distanciábamos para poder ir a los baños, tomar fotos o contestar alguna llamada en el celular.
Una hora después, la gran espera había terminado, por fin se presentaba en el escenario Iron Maiden, iniciando con las canciones de su último álbum, The Final Frontier. Tanto Paola como yo sacamos nuestras cámaras para tomar fotografías y videos.
Mi cámara, ya desgastada por el uso excesivo y los años, aún podía tomar fotos de buena calidad. Me animaba el hecho de conservar recuerdos de aquella noche, tanto por Iron Maiden como por haber compartido ese pedazo de mi vida con alguien en especial.
Alguien en especial… Pues claro, nunca me esperé encontrar a una mujer sola en aquella multitud de más de 8.000 personas para ver a mi banda favorita tocar. Es que por más que lo intente, no puedo cambiar ese momento, ella hace parte de esa historia con Iron Maiden.
“Two Minutes To Midnight” fue la primera canción que interpretaron de sus viejos temas, todo un clásico, pero yo quería más.
Ya con el pasar de las horas el frío había desaparecido, disfrutaba de los temas clásicos de Maiden, botando humaradas de mi boca y no por estar fumando (aunque llevaba más de medio paquete fumado esa noche). Entre sonrisas y palabras que se entrecortaban por el intenso frío, el ruido y el cansancio disfrutábamos muy agustos aquel momento.
Extrañaba a mi familia, mis amigos, mi tierra natal. El concierto opacaba un poco aquellos sentimientos, pero en repetidas ocasiones se entremezclaba con el querer estar nuevamente en Barranquilla para contarles a mi familia y amigos aquella experiencia que me encontraba viviendo en aquellos momentos.
Fueron tantas las emociones vividas que no me alcanzaría un libro para describirlas, coreaba y coreaba cada una de sus canciones. La más esperada por mí fue la de “Blood Brothers”, la que con todas mis fuerzas coreé, levantando las manos al cielo y recordando a una de las personas que más adoro en esta vida, mi pequeño hermano.
Dickinson hizo una pausa antes de tocarla para hacer alusión a las víctimas del tsunami en Japón, lugar en donde ellos iban a tocar dos días antes de la tragedia y por lo cual tuvieron que cancelar su presentación hasta nuevo aviso.
Una extraña sensación recorre por todo mi cuerpo, con ésta alegría de haber conocido a dos amigas que viven a kilómetros de mi tierra, y a punto de cumplir el sueño de ver a mis grandes ídolos visitar mi Colombia natal.
El miedo de ir solo ha desaparecido, no se cuáles sean las razones, pero he abandonado el parche en donde mi amiga Lorena me había presentado para que no correr ningún peligro, pero no lo hice a propósito, solo se que desapareció y ya. No se si es por el instinto -y digo instinto porque es una ley de la naturaleza- de proteger a aquella mujer que se encontraba en las mismas condiciones que yo, tal vez porque compartimos muchas cosas o porque el frío congeló aquellos miedos con los que cargué desde que salí del terminal de transportes de mi ciudad.
Llegamos hasta un punto en donde podíamos apreciar el escenario desde una pantalla gigante, podíamos tomar buenas fotos. Algo gracioso que hice fue haber fotografíado a un señor de avanzada edad, aparentemente bajo efectos del alcohol, sintiendo la música hasta los huesos. Muy admirable lo del señor, al parecer los esperó durante muchos años (es lo que creo acá en mi ignorancia).
Perdí de vista a Paola durante unos minutos, la buscaba entre la multitud sin resultado alguno, sentí que la extrañaba de hacía tiempo, a pesar de haberla acabado de conocer. Recordé un video de Bon Jovi en donde una de sus escenas se asemeja muchísimo a lo que estaba viviendo en aquel momento. Al cabo de un rato la encontré, con la misma sensación que yo sentía, fue algo muy recíproco y acogedor.
Ese momento marcó definitivamente mi historia, dejó de ser una desconocida para ser parte del ciclo de aquella experiencia, en pocas palabras, ella escribió ese pedazo de mi vida junto con mi banda favorita.
“Running Free” fue la última canción de su presentación, ya sin fuerzas solo atinaba a gritar con emoción durante el coro, la voz no me daba para cantar, sentía que me iba a desmayar. El frío, la altura, el cansancio, el hambre, un sinfín de cosas vivía en ese momento poco antes de salir por la puerta principal.
Llamé a Erika para avisarle que faltaba poco para acabar el concierto y que estaría esperándola en las afueras del parque.
Ya al terminar, sin más fuerzas que las que me mantenían de pie, salí con Paola por la puerta principal, con voz difónica pero con la alegría de haberme llevado muy buenos recuerdos de ese día, tan marcado por muchas experiencias. Un fuerte abrazo me di con Paola antes de verla partir por la avenida. Seguí mi camino hasta las entradas de la Virgilio Barco para regresar a mi lugar de hospedaje.
Después de ello solo quedaba la emoción por lo vivido aquel día, muy largo por todas las cosas que hice, casi no podía dormir. Fue el insomnio lo que me impulsó a iniciar mi relato, de esta experiencia que quizá nunca más podré olvidar, que aunque el mundo se acabe mañana moriré feliz por haber visto a Iron Maiden en mi país natal, en mi ciudad favorita y haber compartido con una persona aquellos momentos.
Agradecimientos:
Familiares:
Luz Marina Pulido
Edgardo Barraza
Ligia Esther Ospino
Amistades:
Paola Sierra Neira
Lorena Díaz
Catalina Fandiño
Diana Mortuary
Erika
Oskar Sterling Ribaldo*
Rodrigo Martínez*
Félix Candanoza Padilla*
(*)Por las instrucciones dadas antes de viajar.
Una extraña sensación recorre por todo mi cuerpo, con ésta alegría de haber conocido a dos amigas que viven a kilómetros de mi tierra, y a punto de cumplir el sueño de ver a mis grandes ídolos visitar mi Colombia natal.
El miedo de ir solo ha desaparecido, no sé cuáles sean las razones, pero he abandonado el parche en donde mi amiga Lorena me había presentado para que no correr ningún peligro, pero no lo hice a propósito, solo sé que desapareció y ya. No sé si es por el instinto -y digo instinto porque es una ley de la naturaleza- de proteger a aquella mujer que se encontraba en las mismas condiciones que yo, tal vez porque compartimos muchas cosas o porque el frío congeló aquellos miedos con los que cargué desde que salí del terminal de transportes de mi ciudad.
Le he dado mucha larga al asunto, solo voy a contar mi historia como lo recuerdo.
Salí de casa un viernes 18 de marzo, eran las 10 de la noche cuando llegué al terminal de transportes de Barranquilla, mi ciudad natal. Luego de haber comprado mi pasaje por internet, con destino a Bogotá, con el solo propósito de ver a IRON MAIDEN, así como también conocer a dos amigas quienes viven allá: Catalina y Lorena.
Estaba un poco nervioso, era la primera vez que viajaría solo a una ciudad muy lejana y con costumbres muy diferentes a las de mi Barranquilla natal.
Tan mamón era tener que esperar por una hora, que se convertiría en hora y media, para partir hacia Bogotá. Estaba bastante estresado, llevaba así varios días. Creo que no puedo describir esa sensación, solo sé que me fumé unos cuantos cigarrillos para calmar mi ansiedad.
Vi a unos chicos vestidos como rockeros, a lo que pensé que también irían a ver a IRON MAIDEN así como yo lo iba a hacer, pero la grata sorpresa fue que ellos solo acompañaban a una dama que esperaba a abordar el bus que la llevaría a Bucaramanga, lo que significaba que continuaría solo en mi viaje.
Luego de hora y media, como mencioné anteriormente, abordé el bus y partí hacia Bogotá mientras que los demás nos acomodábamos para las próximas 18 horas que tardaría nuestro viaje.
Tardé horas en dormirme, me distraía con cualquier cosa, pude cerrar mis ojos a eso de las 3 o 4 de la mañana, pero no tardaba en abrirlos porque cualquier movimiento me despertaba nuevamente y añadiéndole que me sentía muy incómodo durmiendo en ese asiento. Pasaba el tiempo y cuando medio cerraba mis ojos los abría al rato por cualquier motivo.
Ya como a las 5 o 6 nos encontrábamos en el municipio de Agua chica, en el departamento del Cesar. Pude apreciar sus hermosos paisajes, ver esos primeros rayos del sol salir y ese rocío matutino de sus verdes pastos, veía las reces comiendo pasto y algunas mulas caminar libremente por los campos. Pude contemplar aquella naturaleza que tanto adoro.
Volví a quedarme dormido a eso de las 8, pero fui interrumpido por mi teléfono celular el cual sonó al momento. Era un amigo de mi vieja, a quien había estado llamando la noche anterior para pedirle que estuviera pendiente de ella mientras yo me encontraba por fuera, también para ver si la invitaba a salir hacia algún lado.
De paisaje en paisaje, de Agua chica a San Alberto me volví a quedar dormido, pero nuevamente la sorpresa de mi teléfono celular, era mi amiga Cata quien llamaba para preguntarme a qué horas estaría llegando a Bogotá, a lo que le respondí que entre las 3 y las 4 de la tarde.
Continuaba con mi recorrido por el bus, mientras mi vista apreciaba esos paisajes rurales que tanto me gustan, pero ya me había perdido de ubicación desde que habíamos pasado por San Alberto, añadiéndole que el hambre que tenía era impresionante ya que no nos habíamos detenido a comer en ninguna parte.
A la hora de almuerzo no sabía ni en qué lugar nos encontrábamos, un hombre que venía de Bogotá con su familia e iba con destino a Medellín me confirmó la ubicación, Antioquia. Hacía demasiado calor, lo cual hizo que me quitara la chaqueta, me fumé un cigarro e intercambié con aquel hombre algunos. Barranquilla y Medellín, dos regiones distintas, costumbres distintas, pero muy similares a la hora de ser sociables.
Media hora después retomamos el camino y partimos hacia Bogotá. Ya esta parte del camino se hizo aburrida, fueron unas 4 horas y media subiendo montañas, lo único que rescato son los hermosos paisajes que contemplaba y con los que grabé unos cuantos videos con mi cámara.
Mi hora de llegada a Bogotá fueron las 4:30PM del día sábado, me bajé del bus sin mucho azare, no sentía tanto frío pero la altura me dificultó respirar un poco al principio, saqué mi paquete de Malboro y me fumé unos cuantos a la entrada mientras esperaba a que Erika, la amiga de mi vieja, pasara por mi. La espera tardó unos 20 minutos mientras ella llegaba y yo buscaba el punto de encuentro acordado.
Nos encontramos, llegamos hasta un centro comercial y comimos bandeja paisa junto a su hijo de 10 años y un amigo que había llegado desde Miami a realizar una visita impuesta por su empresa. Mi hambre no se hizo esperar, así que comí con muchas ansias, ya para aquel entonces ya me había adaptado al frío, la altura y hasta el hablado de los “rolos” (como suelen ser llamados en algunas regiones del país). La verdad no dejo de mencionar que fue una experiencia grata.
Mi primer día en Bogotá no fue muy movido, llegué muy cansado luego de 18 horas en un bus. Antes había hablado con Catalina para posponer nuestra cita, luego de discutir un poco acerca de la hora nos pusimos de acuerdo para vernos al día siguiente en la mañana en el Portal de Suba. Me ubiqué en la habitación que con mucho cariño me habían preparado, la verdad aún es la hora y me encuentro muy agradecido con Erika y su familia por ese detalle.
Esa noche desperté a media noche, producto de la sed que tenía (llevaba muchas horas sin tomar agua, diría que desde que me subí al bus en Barranquilla), no encontré ni una jarra de agua en la nevera (la verdad aún no me explico), solo se que tomé el vaso más cercano y abrí la llave de la pluma, no solté el vaso hasta quedar saciado, me volví a acostar.
Al día siguiente me levanté muy temprano, qué frío tan tenaz que hacía (la verdad no estaba muy acostumbrado a pisar un suelo tan helado y con mis pies descalzos. Me lavé primero los dientes, a decir verdad el agua estaba tan fría como si tomara un vaso con agua de la nevera en mi amada Barranquilla. Luego al abrir la ducha y sentir que el agua parecía unos cubos de hielo que me caían encima, aún así continué bañándome, enjabonándome y echándome bastante shampoo. Ese día quería estar muy bien arreglado, qué más que para verme con dos de las mejores amigas que tengo en Bogotá y una de las razones principales por las que fui: ver a IRON MAIDEN.
Después de soportar el frío y cambiarme lo mejor que pude, fui hasta la sala a darle los buenos días a Erika y a su familia, frotaba mis manos porque aún estaba friolento. Su hijo de 10 años me invitó a su habitación a jugar Wii, un juego de peleas, cosa muy común en los videojuegos de hoy en día. El problema fue luego, cuando me disponía a desayunar y no se si fue que me excedí echándome perfume (soy alérgico a algunos perfumes) o la loción de Erika me causó una reuma terrible. Peor aún enterarme que no había pastillas de Loratadina porque se habían acabado y las droguerías los domingos abren un poco más tarde que de costumbre.
Esperé como una media hora para que los efectos de aquella reuma se calmaran, cosa normal en mi organismo.
Después de que pasara mi reuma había llegado la hora de salir a la vía principal a tomar el TRANSMILENIO o como suele ser llamado: TRANSMILLENO. La mamá de Erika me acompañó hasta la estación, luego pagué mi pasaje y me dispuse a esperar la primera ruta, la que haría el transbordo hasta El Campin, que es la estación donde debía abordar la ruta que me dejaría en el Portal de Suba.
Mis nervios no se hicieron esperar, esa desconfianza hacia personas con costumbres muy diferentes a las mías, tenía miedo (un poco), cosa normal cuando vas a una ciudad donde no conoces casi nada sobre ella. Luego de abordar la ruta, si no estoy mal, C96 y esperar 20 minutos hasta llegar al destino ya mencionado. Tan ansioso me encontraba que le pregunté, primero a una joven y luego a un señor a cuántos minutos me encontraba del Portal de Suba, a lo que me iban respondiendo conforme a lo que me iba acercando al punto de encuentro en donde Catalina me iría a recoger.
Contemplé ciertos puntos de la ciudad, resalto a la señora de apariencia afro colombiana que iba cruzando la calle, los árboles inmensos que adornaban algunos de los parques por los que pasé y cómo no mencionar las montañas que rodean esa hermosa ciudad.
Luego de decirle a Cata que ya estaba a pocos minutos de llegar y tranquilizarme un poco, me bajé en el punto indicado. Ella pasó por mí y salimos a caminar un rato.
No dejo de quedar tan admirado por el ambiente visto en Bogotá, ese frío tan acogedor, sus paisajes verdes en algunas zonas, el orden y ese buen trato de las pocas personas con quienes intercambié algunas palabras. Se que solo fueron unos cuantos días, pero quedé completamente satisfecho.
Catalina y yo nos tomamos un café, luego caminamos un poco el centro comercial y después las calles aledañas a éste para llegar a su casa y conocer a su mamá y hermana (persona por la cual llegué a conocer a Cata). Hablamos un poco de nosotros, de nuestras costumbres, la música, lo que sería el concierto de IRON MAIDEN esa noche, de mi posterior regreso a Barranquilla, etc. Cuando llegué a su casa sentí un pedazo de Barranquilla en ella, ya que se escuchaba un poco de vallenato y algo de reggaetón.
Fui atendido muy amablemente, me brindaron café, me fumé unos cigarros y me tomé unas cuantas fotos con ella antes de partir al “Simoncho”. Recuerdo que no almorcé ese día, estaba tan emocionado que lo había olvidado por completo ¿y qué más daba? Si estaba a pocas horas de ver a una de mis bandas favoritas.
A eso de la 1:30 volví a salir con Cata para el centro comercial, compramos unos cuantos bocadillos y luego me acompañó a tomar el taxi que me llevaría a mi siguiente parada: el parque Simón Bolívar.
En el camino llamé a Lorena para que me confirmara la locación donde se encontraría y posteriormente me llevara con el parche de su amiga…
Aquí hago un paréntesis para explicarles el cómo me coloqué de acuerdo con Lorena para encontrarme con su amiga.
Cuando aún estaba en Barranquilla me encontraba muy preocupado porque ninguna de las personas que conocía iría al concierto, ni mucho menos a la localidad Talismán, mi amiga Lorena tampoco iría, ni Cata, ni siquiera mi amigo Andrés (Persona con la cual mantengo amistad por el Messenger). En la universidad le preguntaba a mis compañeros a ver si conocían a alguien que también los iría a ver, pero casi todos mis esfuerzos fueron en balde. Ese problema me tenía muy estresado porque le había dicho a mi vieja que iría con varios amigos (es que a fin de cuentas ese era mi plan, pero ninguno consiguió dinero y una amiga que si iba con su parche me dijo que iría a la localidad Dorado).
Mi preocupación era tan grande que días antes de salir de viaje hablé con Lorena y le comenté lo que sucedía, a lo que ella me ayudó con la causa y me contactó con su amiga, llamada Diana.
Acordamos entonces en que Lore me acompañaría a hacer la fila y a encontrarme con Diana…
Al hablar con ella acordamos en encontrarnos en la librería “Virgilio Barco”, ubicada precisamente frente al Simón Bolívar. Aproveché el camino para hablar con el taxista, el cual me daba ciertas indicaciones acerca de cómo evitar malos ratos en la ciudad (en referencia a los atracos y ese tipo de cosas). Como no tenía conocimiento de la modalidad de pago de las carreras le pedí la planilla al taxista, cosa que le pareció completamente extraña, al tiempo de darse cuenta de que no era de esa ciudad, fue allí en donde aprendí que en Bogotá se utiliza un sistema llamado Taxímetro, el cual indica los precios depende a la distancia que recorre, como al tiempo bajo el cual se tarde en el recorrido.
Llegué al Simón Bolívar, pero me tuve que bajar un poco lejos de la librería ya que las calles se encontraban cerradas debido a las largas filas por el concierto.
Tuve que caminar por toda la avenida para llegar al punto de encuentro acordado, el frío era bastante y había mucha humedad debido al aguacero que cayó horas antes. Un cigarro encendido y un par de policías caminando en dirección opuesta a la mía, luego una señora que vende bebidas y el tipo de las llamadas fueron los adornos de mi vista mientras buscaba la ya mencionada librería.
Llegué algo exhausto, la altura me estaba afectando, pero con la mirada puesta en alto. Luego ese abrazo y esa emoción de conocer a mi amiguita Lorena en persona -aún es la hora y no quepo en la dicha, luego de tantos años, tantos escritos, tantos momentos compartidos en solo un montón de letras, las pocas llamadas que me permitían escuchar su voz, sensaciones y emociones difíciles de describir, son cosas que solo ella y yo las comprendemos. Mi mejor amiga, mi sueño cumplido, luego de años luchando, por fin la tenía frente a mí- fue una experiencia muy bonita, me encantó (y me encanta) haberla conocido en persona.
-Cata tiene un privilegio, es que tardó menos tiempo en conocerme personalmente que Lorena, pero las cosas compartidas que nos faltan, eso hace la diferencia-
Debo reconocer que me apego muy rápido a las personas, mucho más si es una mujer…
Platicábamos mientras íbamos en camino hacia la fila para entrar al concierto, ciertas jergas habladas allá me causaban mucha risa y Lorena solo atinaba a reírse también, de verdad que fue muy divertido. Intenté comerme una hamburguesa con una Coca-cola pero la verdad ya el hambre se me había quitado, la dejé hasta la mitad -luego me arrepentiría porque ya estando dentro del Simón el hambre me volvió a atacar nuevamente-.
Ya me encontraba haciendo la fila junto a mi amiga Lorena, quien a su vez iba acompañada por su novio. Luego de varias horas de pie la fila empezó a avanzar -destaco que antes de ello vi cómo la policía se llevaba a tres jóvenes que al parecer alteraban el orden público en la zona, de igual manera no soy quién para juzgar a nadie-.
Como se dice en mi tierra “Se armó tremendo bololó”, era todos a correr para un mejor puesto en la fila, ya que adelante habían despejado bastante espacio. Alrededor de 1000 policías vigilaban las afueras del parque en camiones, motocicletas, caballos, etc. Aunque destaco mucho el entero orden bajo el cual se estaba llevando esta primera parte del evento próximo a realizarse.
Mi siguiente tarea era deshacerme del paquete de Malboro que tenía en mi chaqueta, empecé a regalarlos pero solo una persona me lo recibió -fue allí en donde terminé de comprender lo diferentes que son las costumbres del “cachaco” con las del “costeño”-. Uno de los consejos que recibí por parte de un muchacho que se encontraba haciendo la fila fue que guardara todos los cigarrillos que pudiera en mi billetera, y que el resto me los fumara afuera. Lorena me colaboró llevándose una parte y la otra parte la guardé en la billetera.
Hasta ese punto me encontré acompañado por Lorena, pero ya nos encontrábamos a pocos metros de la fila, lo crucial de este momento fue que Lorena tenía que partir y de allí en adelante me debía desenvolver yo solo en ello hasta llegar al parche de Diana, su amiga. Ya tenía guardado su número y el punto de encuentro ya estaba listo, solo me hacía falta entrar e ir a buscarla.
Ya no tenía mucho saldo en mi celular, me encontraba a pocos metros de la entrada y no había ningún sitio en donde recargar, por lo cual le pedí el favor a Lorena de conseguirme una recarga y hacérmela efectiva.
Me despedí de ella, cosa que no quise en aquel momento porque quería disfrutarme el concierto con ella, mi amiguita bella
Ahora una nueva duda merodeaba en mi cabeza ¿quién iría a Talismán así como yo? Ya que la mayoría de los que se encontraban haciendo la fila conmigo irían a Dorado. El solo pensarlo me ponía un tanto estresado y otro tanto cansado.
Es aquí en donde la historia se divide en dos, en el antes y el después… La forma en cómo marcó mi vida esta experiencia, ya este momento no sería el mismo, todo para bien.
Cinco minutos después de la partida de Lorena, me encontraba solo y a unos cuantos pasos del primer anillo de requisas. Una mujer aparentemente solitaria, cabello castaño, estatura mediana y contextura gruesa, de anteojos, a mi concepto muy atractiva pero al tiempo sencilla; digo sencilla en el buen término de la palabra, ya que a mi vista (y soy muy criticado en mi tierra por ello) me atraen más las “cachacas” (como les decimos acá en la costa).
Creo que siempre he tenido eso, fijarme más por las mujeres del interior que por las de mi propia tierra, a pesar de tener gran diversidad en el ámbito proporcional y racial (pienso que es cuestión de gustos).
Ésta atractiva mujer estaba a unos pasos delante de mi, yo solo escuchaba su pregunta “¿quién va para Talismán?”.
Esa fue la clave, yo solo respondí en mi ignorancia y sin ningún tipo de interés (creo que hasta lo hice en un tono coqueto y desinteresado al mismo tiempo), no presté mucha atención y crucé el primer anillo de seguridad sin ninguna prisa.
Había un largo camino que nos conduciría al segundo y tercer anillo de seguridad, para después entrar a la localidad ya mencionada. En el camino tomé algunas fotos, mi emoción estaba al tope, a pocas horas de ver a los grandes.
Esa banda que por primera vez escuché de que existían cuando solo tenía 8 años, que a los 13 los escuché por primera vez, luego los 14 compré mi primer sweater con su imagen estampada, sin contar el sinfín de objetos con el logo que los caracteriza. Que en 2008 me sentí frustrado por no haberlos podido ver y que al año se repitió la misma dosis. Que luché durante meses para conseguir el dinero de la boleta, luego convencer a mi vieja de que me dejara ir solo (cosa que no fue fácil). Pero que gracias a mi perseverancia y a mis ganas, todo por un solo fin: Cumplir el sueño que había tenido años atrás, en donde llegaba al Simón Bolívar y los veía tocar.
Mientras tomaba algunas fotografías escuché una voz muy familiar detrás de mí, era la mujer que antes ya he descrito antes, alegándome que la esperara, algo inesperado para mí.
Caminamos juntos hasta la entrada, allí nos tomamos unas fotos antes de entrar a nuestra localidad en el parque. Luego debía llamar a Diana para buscar su ubicación. Después de dar vueltas por el parque buscándola, logré ubicarla, tuvimos un saludo cordial y le presenté a Paola, mi acompañante esa noche.
Y digo acompañante porque no estaba en los planes de Diana que alguien vendría conmigo.
Luego del protocolo y tomarnos algunas fotos, nos sentamos en las gradas e intercambiamos algunas palabras, casualmente resultamos ser colegas ya que ambos estudiábamos carreras dependientes entre sí; el caso de la comunicación social y la producción de radio y tv, ambas se necesitan mutuamente.
Fui por unas bebidas, porque tenía mucha sed (no había tomado agua desde la mañana), a Paola le compré una gaseosa (que las vendían un poco más caras de lo normal). Volví a las gradas pero ella estaba alejada del parche de Diana, me explicó que desde ese sitio se podía apreciar mejor el espectáculo.
Y efectivamente se podía apreciar el escenario perfectamente, allí nos sentamos y nos tomamos nuestras bebidas, seguimos platicando sobre nosotros.
Fue algo muy wow, no lo podía creer, yo allí en Maiden compartiendo con alguien que recién conocía y que también iba casi en las mismas condiciones mías (Ir solos). Sin duda alguna, ella escribiría mi página junto a Iron Maiden y haría parte de esa historia.
A eso de las 6, comenzó a llover, me arrepentí de no haber comprado los plásticos afuera ya que adentro los estaban vendiendo muy costosos. Paola estaba igual (que si en ese momento nos hubiéramos abrazado, hubiese sido porque la situación ameritaba hacerlo).
Temblando de frío estaba, allí sentado en las gradas, a pocas horas de cumplir mi sueño, con una mujer que compartía aficiones conmigo, con la que necesitaba compañía mutua. Así describía yo esa situación, tan asombrosa e inusual.
Mi amiga Lorena afirma que soy de muy buena suerte, porque ni ella, que toda su vida ha vivido en Bogotá, que en muchas ocasiones fue sola a conciertos se había encontrado a otra persona en la misma condición. Sola iba y sola regresaba.
No creo en la suerte, fue solo una casualidad (así lo pienso), aunque adaptándome a las creencias de mi gente en Barranquilla diría que por algo ella estuvo allí conmigo.
Empapados de agua lluvia, soportando el frío y arrepentidos por no haber comprado afuera los plásticos para protegernos de la lluvia. No quería que termináramos congelados de frío, tuve que pagar el doble de precio por el plástico que me estaban vendiendo dentro del parque. Lo tomé en mis manos y acomodé bien en la grada para que ambos pudiéramos sentarnos y no seguirnos mojando.
El show inició a las 7:00PM, la banda “Potestad” abrió el show con su Thrash Metal bien influenciado por la vieja escuela. Tenía unas ganas de escuchar un covercito de Sepultura (Troops of Doom), tomarme un “guaro” (que es como se le dice al aguardiente) y sacudir mi cabeza hasta el cansancio. No faltó mucho tiempo antes de empezar a moverme, era necesario para el frío, mientras veía a Paola temblar por los 6º (o menos) de temperatura que hacían.
A decir verdad, no le prestamos mucha atención a la primera banda, esperábamos con ansias la anhelada presentación de Iron Maiden. En algunos momentos nos distanciábamos para poder ir a los baños, tomar fotos o contestar alguna llamada en el celular.
Una hora después, la gran espera había terminado, por fin se presentaba en el escenario Iron Maiden, iniciando con las canciones de su último álbum, The Final Frontier. Tanto Paola como yo sacamos nuestras cámaras para tomar fotografías y videos.
Mi cámara, ya desgastada por el uso excesivo y los años, aún podía tomar fotos de buena calidad. Me animaba el hecho de conservar recuerdos de aquella noche, tanto por Iron Maiden como por haber compartido ese pedazo de mi vida con alguien en especial.
Alguien en especial… Pues claro, nunca me esperé encontrar a una mujer sola en aquella multitud de más de 8.000 personas para ver a mi banda favorita tocar. Es que por más que lo intente, no puedo cambiar ese momento, ella hace parte de esa historia con Iron Maiden.
“Two Minutes To Midnight” fue la primera canción que interpretaron de sus viejos temas, todo un clásico, pero yo quería más.
Ya con el pasar de las horas el frío había desaparecido, disfrutaba de los temas clásicos de Maiden, botando humaradas de mi boca y no por estar fumando (aunque llevaba más de medio paquete fumado esa noche). Entre sonrisas y palabras que se entrecortaban por el intenso frío, el ruido y el cansancio disfrutábamos muy agustos aquel momento.
Extrañaba a mi familia, mis amigos, mi tierra natal. El concierto opacaba un poco aquellos sentimientos, pero en repetidas ocasiones se entremezclaba con el querer estar nuevamente en Barranquilla para contarles a mi familia y amigos aquella experiencia que me encontraba viviendo en aquellos momentos.
Fueron tantas las emociones vividas que no me alcanzaría un libro para describirlas, coreaba y coreaba cada una de sus canciones. La más esperada por mí fue la de “Blood Brothers”, la que con todas mis fuerzas coreé, levantando las manos al cielo y recordando a una de las personas que más adoro en esta vida, mi pequeño hermano.
Dickinson hizo una pausa antes de tocarla para hacer alusión a las víctimas del tsunami en Japón, lugar en donde ellos iban a tocar dos días antes de la tragedia y por lo cual tuvieron que cancelar su presentación hasta nuevo aviso.
Una extraña sensación recorre por todo mi cuerpo, con ésta alegría de haber conocido a dos amigas que viven a kilómetros de mi tierra, y a punto de cumplir el sueño de ver a mis grandes ídolos visitar mi Colombia natal.
El miedo de ir solo ha desaparecido, no se cuáles sean las razones, pero he abandonado el parche en donde mi amiga Lorena me había presentado para que no correr ningún peligro, pero no lo hice a propósito, solo se que desapareció y ya. No se si es por el instinto -y digo instinto porque es una ley de la naturaleza- de proteger a aquella mujer que se encontraba en las mismas condiciones que yo, tal vez porque compartimos muchas cosas o porque el frío congeló aquellos miedos con los que cargué desde que salí del terminal de transportes de mi ciudad.
Llegamos hasta un punto en donde podíamos apreciar el escenario desde una pantalla gigante, podíamos tomar buenas fotos. Algo gracioso que hice fue haber fotografíado a un señor de avanzada edad, aparentemente bajo efectos del alcohol, sintiendo la música hasta los huesos. Muy admirable lo del señor, al parecer los esperó durante muchos años (es lo que creo acá en mi ignorancia).
Perdí de vista a Paola durante unos minutos, la buscaba entre la multitud sin resultado alguno, sentí que la extrañaba de hacía tiempo, a pesar de haberla acabado de conocer. Recordé un video de Bon Jovi en donde una de sus escenas se asemeja muchísimo a lo que estaba viviendo en aquel momento. Al cabo de un rato la encontré, con la misma sensación que yo sentía, fue algo muy recíproco y acogedor.
Ese momento marcó definitivamente mi historia, dejó de ser una desconocida para ser parte del ciclo de aquella experiencia, en pocas palabras, ella escribió ese pedazo de mi vida junto con mi banda favorita.
“Running Free” fue la última canción de su presentación, ya sin fuerzas solo atinaba a gritar con emoción durante el coro, la voz no me daba para cantar, sentía que me iba a desmayar. El frío, la altura, el cansancio, el hambre, un sinfín de cosas vivía en ese momento poco antes de salir por la puerta principal.
Llamé a Erika para avisarle que faltaba poco para acabar el concierto y que estaría esperándola en las afueras del parque.
Ya al terminar, sin más fuerzas que las que me mantenían de pie, salí con Paola por la puerta principal, con voz difónica pero con la alegría de haberme llevado muy buenos recuerdos de ese día, tan marcado por muchas experiencias. Un fuerte abrazo me di con Paola antes de verla partir por la avenida. Seguí mi camino hasta las entradas de la Virgilio Barco para regresar a mi lugar de hospedaje.
Después de ello solo quedaba la emoción por lo vivido aquel día, muy largo por todas las cosas que hice, casi no podía dormir. Fue el insomnio lo que me impulsó a iniciar mi relato, de esta experiencia que quizá nunca más podré olvidar, que aunque el mundo se acabe mañana moriré feliz por haber visto a Iron Maiden en mi país natal, en mi ciudad favorita y haber compartido con una persona aquellos momentos.
Agradecimientos:
Familiares:
Luz Marina Pulido
Edgardo Barraza
Ligia Esther Ospino
Amistades:
Paola Sierra Neira
Lorena Díaz
Catalina Fandiño
Diana Mortuary
Erika
Oskar Sterling Ribaldo*
Rodrigo Martínez*
Félix Candanoza Padilla*
(*)Por las instrucciones dadas antes de viajar.


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